Para reconciliarme con Suiza, después de dos tragos amargos que me había dejado el país en dos ocasiones (en este post explico por qué), decidí que una tercera vez sería la vencida y acepté viajar al centro del país aprovechando la visita de dos amigas a Ginebra -ciudad dónde estaba haciendo base por algunos meses- cuando el invierno finalizaba y empezaban las flores a crecer.
Deseaba en esta tercera oportunidad conocer lo que verdaderamente me había atraído de Suiza mucho antes de visitarla por primera vez; Un país de quesos y paisajes de postal, quería conocer su verdadera campiña.
Así que partimos en carpooling de Ginebra hacia el centro del país. Una hora después -ya sabes lo grande que es Suiza- ya estábamos llegando.
Durante el trayecto no dejaba de asombrarme de la infinita belleza de la región, finalmente pude ver esas fotos tipo postal de sus valles y sus montañas. Cómo diría un amigo mexicano -En Suiza hasta las pinches vacas con sus campanitas se ven lindas- y no se equivoca, lo que mis ojos veían era un paraíso exuberante de paisajes naturales donde pastaban ovejas y vacas.
Desde el primer día que llegamos llovía a cántaros, estaba nublado y hacía frío. Aparentemente era el día que empezaba la primavera y aunque ya al menos habían flores que alegraban el paisaje y daban una que otra esperanza del final del invierno, se sentía el mismo frío. Definitivamente no se puede confiar mucho en el clima de Europa.
Nuestro primer destino fue la comuna de Vaulruz -ubicada en el cantón de Fribourgo-, donde nos hospedaría Emilio, un francés que llevaba más de quince años viviendo en Suiza además de ser “catador” de quesos en su tiempo libre y fue gracias a el y su hospitalidad que los siguientes días empezaría a ver el país con otros ojos.
Al día siguiente fuimos al pueblo de la Gruyères, un lugar mágico que gira alrededor del queso conocido con el mismo nombre; Un pueblo sacado directamente de un cuento de la época medieval, ubicado en lo alto de un cerro y famosa por su fondue y sus tres museos totalmente distintos. Desde que llegué no dejaba de impresionarme con tanta belleza a mi alrededor, es un pueblo o más bien una aldea con una sola calle empedrada rodeada de las típicas casitas que uno se imagina en la época medieval y que conducen hacia un castillo. Por momentos el paisaje te hace olvidar en que época de la historia te encuentras.
Este pueblito de encanto es mundialmente conocido por su producción de queso Gruyére, -el cual incluso tiene su dominación AOC (denominación de origen)- y para los visitantes es posible entrar en la fábrica y ver todo el proceso de elaboración artesanal de este queso que no se pasteuriza. Ese mismo día Emilio nos explica todo lo que debemos saber sobre el tema y para que no digas que no aprendes cultura general con mis artículos, te repito lo mimo que aprendí yo. Resulta, pasa y acontece bah… Olvídalo, voy directo al grano:
PROBANDO EL VERDADERO FONDUE
En alguna otra pagina de turismo o guías de este pueblo (pueblito) te dirán donde probar el mejor fondue, y estoy segura que te nombrarán «El Chalet» pero yo, al igual que mis revisiones climatológicas hice caso omiso al llamativo (y muy lindo por cierto) restaurante y acepté la invitación de Emilio para comer un fondue hecho por el mismo. Por supuesto, no podía resistirme a probar un fondue tradicional suizo y menos cuando es acompañado por un buen vino. ¡Toda una delicia!
También comimos «La raclette» preparación típica en la que se calienta en una plancha los alimentos. La acompañamos con cebollitas, pepinillos y embutidos.
Seguimos caminando y deslumbrándonos con tanta belleza medieval, cuando depronto me topo con un Alien -¿un qué?- Si, eso mismo, un Alien. Resulta que en este pueblito de ensueño nació el creador del engendro que inspiró a la película del mismo nombre y en el museo HR Giger -nombre del inventor- se encuentran todos los ejemplares de estos engendros que poblaban la cabeza de Giger. Como si un museo no hubiera sido suficiente en un pueblo de no más de 100 habitantes, también se halla un bar con columnas vertebrales, fetos y todo lo que hace referente a esta obra.
Justo al lado de este llamativo museo se encuentra el de Buda. Como lo dije al principio, tres museos que no tienen que ver el uno con el otro pero que al final hacen parte de la identidad de este hermoso lugar.
Días después, en los que la palabra «queso» ya nos producía náuseas, nos fuimos a recorrer la Riviera Suiza; Pasamos por ciudades como Vevey -lugar donde está la sede de la empresa Nestlé- con vista al lago Lemán, también conocido como el lago de Ginebra y donde el cómico Charlie Chaplin vivió los últimos 25 años de su vida (en la orilla del lago hay un monumento que lo conmemora) y Montreux, una ciudad desde donde se puede observar todo el espectáculo de los Alpes cubiertos de nieve.
Al final del viaje me sentía satisfecha -y no hablo solo de mi estómago- por descubrir el encanto de Suiza con los ojos de los lugareños. Ya me sentía decepcionada dos veces pero definitivamente, la tercera fue la vencida.
Para llegar al cantón de Friburgo puedes tomar un tren desde Ginebra dirección Zurich hasta la estación de Fribourg, después tomas un autobús en dirección a Bulle (38 minutos aproximadamente). Una vez en Bulle tomas un tren en dirección a Montbovon (7 minutos) y llegas a Gruyères. O simplemente, la opción más fácil y económica (la que yo hice) es utilizar el carpooling o coivoiturage. Si quieres saber de qué se trata, en este post te lo explicoCómo llegar hasta Gruyères:
6 Comments
Qué fascinante todo lo que narras. Ahora me gusta más la idea de comer fondue! Claro, a lo colombiano; hay uno que otro buen restaurante suizo en Bogotà.
Aún no se si en Colombia se pueda encontrar el verdadero queso Gruyère pero sino, el fondue a lo colombiano como dices tu no es mala idea jaja.
Qué hermoso descubrir una cultura y también me parece interesante la forma en la que se amplian y enriquecen tus perspectivas cuando lo haces. Definitivamente uno al volver de un viaje ya no es el mismo. Espero algún día poder hacer lo que tú haces y gracias por invitarnos a soñar y darle rienda suelta a nuestros sueños. Un abrazo Lini 🙂
Muchas gracias Lili! Cuánto me alegra saber que puedas viajar conmigo a través de mis palabras. Un día tu también lo harás, todo empieza por un sueño 🙂
Lina, ¡me encanta tu blog!… ¿Puedo preguntarte en qué plataforma lo hiciste, o si compraste el dominio y lo diseñaste desde cero? He tenido muchos intentos fallidos de blogs porque no encuentro algo fácil, bonito y navegable que me de ganas de alimentar con regularidad…! jajaja… Por favor sigue compartiendo todas las historias y fotos de esta aventura.
Hola Manuela, gracias! Espero que sigas disfrutando los artículos de este largo viaje. En mi caso compré el dominio y la plantilla predeterminada pero algunos diseños los hice según a mi gusto. Yo también dudé mucho antes de escoger uno que me gustara, te recomiendo seguir buscando plantillas (pagas o gratis ya eso depende de ti) hasta que tengas «un flechazo» con una. Ánimos! Un abrazo