Medellín y el desbalance de los viajes | Patoneando Blog de viajes
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Medellín y el desbalance de los viajes

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Estuve por primera vez en Medellín a finales del 2011 y en aquella época ni siquiera tenía una cámara para registrar alguna foto. A decir verdad, en caso de tenerla no hubiera tenido mucho que registrar. No tuve una buena primera vez con Medellín, no me enamoré de la ciudad y ni siquiera le dediqué tiempo para recorrerla. En aquella época, viajaba por viajar, por pasar de fiesta en fiesta con amigos y me daba pavor moverme sola. Si nadie iba conmigo a tal lugar, yo ni me molestaba en visitarlo.

En esta vuelta a Colombia, decidí darme una segunda oportunidad con la ciudad de la eterna primavera. Los primeros días no fueron fáciles por algunos conflictos personales. Poco a poco me fui soltando y salí a recorrerla sola. Me sucedió lo mismo que la primera vez. No sentí mariposas en el estómago. Y me dio algo de culpa. Si esta ciudad es perfecta, todos los que viajan por Colombia hablan tan bien de ella que es imposible no quererla antes de conocerla ¿Cómo es posible?

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Fue en Medellín donde entendí que los viajes también son como los libros. Puede que el destino sea casi perfecto y/o el libro sea uno de los mejores, pero si no estás en la época adecuada de tu vida para visitarlo o para leerlo, simplemente no te gustará. Sean los motivos que sean: personales, sentimentales, económicos. Lo que sientes por dentro, puede modificar tu entorno y ese lugar hermoso-casi-perfecto o ese libro ganador-de-varios-premios, es mejor dejarlo para otro momento. Cuando estés listo.

Por eso, no fue hasta la tercera vez, dos semanas después, cuando volví a visitar Medellín para pasar las fiestas de navidad y fin de año con mi familia, que me cautivó.

Me encontraba mejor de ánimo, no tenía la depresión tipo “no quiero estar aquí y quiero estar en todos lados a la vez” y sobretodo, iba a descansar por unos días. Nada de buscar en Internet dónde hospedarme, ni enviar correos ni solicitudes en Couchsurfing, ni hacer presupuesto. Nada. Esta vez, yo era la invitada de mi mamá y créeme, cuando se vive viajando, se siente muy bien.

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La segunda vez que estuve en Medellín, un buen amigo me envió por Whatsapp una lista de “cosas por hacer”, así que me subí en el metro y me fui sola hasta la estación Parque Berrío para conocer la Plaza de Botero donde se encuentran exhibidas al aire libre más de veinte esculturas del famoso artista Fernando Botero. Hablar de Medellín es hablar de Botero indiscutiblemente.

Ese mismo día caminé hasta el callejón de Junín a probar una empanada argentina con un jugo de mandarina. Aún no he ido a Argentina pero juro que estaba deliciosa.

La tercera vez, fui con mi mamá y mi hermana. El lugar fue el mismo, pero la compañía mucho mejor.

Pregunté como llegar hasta el Pueblito Paisa. Nuevamente tomé un metro, volví a preguntar, caminé, pregunté de nuevo, seguí caminando y no sé exactamente cuánto tiempo después, llegué. El Pueblito Paisa es la representación de un típico pueblo antioqueño de comienzos del Siglo XX. Está construido en la cima del Cerro Nutibara y tiene un mirador con una vista espectacular de la ciudad. Es un buen lugar para ir en pareja, con amigos o en familia. Yo estaba sola y con mi crisis existencial. Lo digo sin tapujos. Es bueno dejar de simular que la vida del viajero es perfecta. Son los mismos problemas, en diferentes coordenadas del planeta.

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La época de navidad es muy importante en Colombia. Sirve de excusa para la reconciliación, el amor, pedir matrimonio, casarse, perdonar, amar, inspirarse, perder la dieta y muchas cosas más. Es linda en realidad. Yo le huyo. Ya había pasado dos años en Europa y allá buscaba las excusas perfectas para alejarme de esa fecha. Viajando por Colombia, era imposible hacerlo. Fui invitada por una amiga que no veía desde hace años, a pasar unos días con ella, a comer buñuelo, natilla y toda la comida típica que extrañé cuando estuve lejos. Por un momento me sentí en buena compañía, como en casa.

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Cuando se vive viajando, también es necesario hacer pausas…

El enamoramiento o ese no-sé-qué de Medellín empezó a partir de la tercera visita. Viajé a reencontrame con mi familia y pasamos las primeras noches en un hotel. Mi mamá me pidió que hiciera una lista de los lugares que visitaríamos. Claro, cuando eres la única viajera en tu familia no puedes esperar mucho menos. Sucede lo mismo cuando hay un tío médico o un sobrino abogado. Olvídate que la familia no te pedirá favores ni te hará consultas.

Le dije que deseaba conocer el Parque Explora. Estoy segura que ni ella ni mi hermana buscaron mucha información y me encantó. No tenían ni idea a dónde íbamos y cuando no estás preparado mentalmente para ver un lugar, la sorpresa es mayor.

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El Parque Explora es un museo interactivo dedicado a la ciencia, al cuerpo humano, la tecnología y la naturaleza. Hay un acuario, reptilario (no entramos porque mi hermana le tiene fobia a las serpientes), planetario y varias salas interactivas y temáticas dedicadas a la mente y su relación con el cuerpo humano.

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Hay juegos para poner a prueba tus sentidos, hay desafíos, ilusiones ópticas y divertirse por largo tiempo. Es volver a ser niño otra vez. Este lugar jamás hubiera sido lo mismo sin la compañía. De haber ido en mi primera o segunda visita a Medellín, no lo hubiera disfrutado igual.

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En nuestra segunda noche fuimos al Tour de las luces. Resulta que Medellín es famosa por su alumbrado navideño. El mejor de Colombia. Mi mamá deseaba conocerlo y contrató un tour que nos llevara y nos trajera. Cuando viajo sola jamás contrato tours a menos que desee conocer la historia del lugar y contrate un “Free walking Tour” a cambio de propina. Pero no me molestó hacerlo. Estaba acompañada, ya había tenido dos intentos fallidos con Medellín y la tercera era la vencida.

Partimos desde El Poblado, continuamos con la Avenida La Playa, Paseo del Río y terminamos en EPM. Una explosión de luces, de colores… y de gente.

Así transcurrieron los días. Salíamos, caminábamos, mi hermana compraba compulsivamente, peleábamos porque sí y porque no, abrazaba a mi mamá, me desconectaba de ellas para escribir y adelantar trabajo, me conectaba nuevamente. Afuera la ciudad. Igual que siempre. Nada había cambiado desde la primera y segunda visita. Era yo quien debía sanar heridas, quien tenía que desear estar acá con todos mis sentidos bien puestos. Como cuando vuelves a retomar ese libro en una época distinta de tu vida y ahora le encuentras más sentido. Así me pasó. Así fue mi tercera vez con Medellín.

Lina Maestre
Lina Maestre
Soy Lina y vivo viajando desde el 2014. Soy la que escribe, toma fotos y edita este blog. Nací en Colombia y he viajado en solitario y en pareja por más de 37 países. Acá encontrarás relatos de viajes, consejos y guías de destinos e inspiración para tus viajes. Tengo un libro publicado y puedes ver mi día a día a través de Instagram.  

2 Comments

  1. Brenda dice:

    Me encantó este post, Lina, tu sinceridad y apertura a mostrar tus sentamientos. Espero que las dudas existenciales hayan calmado un poco. Sigue disfrutando del camino. =)

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