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¡Adiós Colombia!

Son las cinco de la tarde. Varias sensaciones y sentimientos recorren mi cuerpo. Estoy feliz, nostálgica, triste y preocupada. ¿Se puede sentir tanto al mismo tiempo?

Faltan pocos minutos para darle un abrazo a mi mamá y otro a mi hermana. Mientras charlamos un poco y nos tomamos una bebida en una cafetería en la terminal de buses de Bogotá, yo siento angustia por no haber encontrado aún un lugar dónde dormir en la ciudad de Pasto, mi próximo destino en el sur de Colombia, antes de salir del país y empezar a recorrer Sudamérica por tierra para llegar a Bolivia y hacer un documental.

Hago una llamada a un amigo que tiene bastantes contactos en el sur del país. 

-¿Me podrías ayudar a conseguir un hostal barato? Mi bus sale en veinte minutos y estoy llegando mañana al medio día. 

No dudó ni un segundo en ayudarme. Es increíble como a través de los viajes se conoce a tanta gente linda en este mundo. Hace seis meses conocí a Paulo cuando viajé a Popayán y fue mi anfitrión en Couchsurfing. Hoy, seis meses después me sigue brindando ayuda desinteresadamente. 

Sigo pensando en mi estadía pero ya no me siento angustiada. Ahora siento un nudo en la garganta y una sensación extraña en mi estómago, como una especie de sube y baja que me recuerda a mi niñez, cuando jugaba con mis primos y mi hermana en la casa de mi abuela mientras mi mamá sentada con mis tíos conversaba sobre los últimos acontecimientos semanales.

Ahora soy yo el último acontecimiento. Ahora su hija creció y se va a recorrer Sudamérica por tierra y va a grabar un documental en Bolivia. Con el nudo en la garganta y ese sube y baja de mi infancia, me despido de mi hermana y mi mamá, las personas que más me apoyan y me han ayudado a seguir este camino no marcado. 

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Foto de mala calidad pero llenita de puro amor

***

El bus estaba saliendo del terminal de transportes cuando recibo la llamada de Paulo. No me pudo conseguir la información de un hostal pero sí la de uno de sus grandes amigos, quien me puede recibir en su casa. Dejo de sentirme tensa y empiezo a notar cómo el viaje empieza a fluir sin presionarlo. Hospitalidad y buenas conexiones son unos de los factores más relevantes en un largo viaje. 

MI LLEGADA A PASTO

Andrés me espera sentado en el tercer escalón de las escaleras del edificio donde vive. Mientras le pago al conductor del taxi, él me saluda y me ayuda a bajar la mochila. No pasaron más de diez minutos para darme cuenta que mi estadía sería genial, que me sentiría como en casa y que compartiría buenos momentos con él y sus amigos. 

A pesar del cansancio de un viaje de veinte horas, que se traducía en ojeras hasta las mejillas, salimos a caminar por el centro de la ciudad. 

Andrés me muestra lugares históricos mientras recorremos los andenes de una ciudad que fue y ha sido clave para la historia de independencia de este país. Hablamos de todo un poco. De por qué empezaste a viajar, de qué estudias, de qué estudiaste tú, de a qué te dedicas, de si te gusta la carrera, de cuál es tu lugar favorito, de por qué si y de por qué no, también. La conversación fluye como el mismo viento frío que nos ventea en la cara. 

Unas horas después nos devolvemos a la casa y después de un buen almuerzo y una ducha caliente, quiero descansar para recuperar energía.  Esa misma noche saldría junto con su mejor amiga y uno de sus grandes amigos, para comer una de las empanadas más deliciosas que he probado en Colombia. 

¿Sabías que la masa de maíz se puede fermentar durante siete días para obtener como resultado una masa llamada “añeja”? A esto súmale un relleno con una inmensa variedad de ingredientes para todos los gustos, un acogedor lugar para compartir con excelentes personas y el resultado es fabuloso. Te lo aseguro. 

 En este video Andrés explica por qué me ayuda desinteresadamente

***

LA LAGUNA DE LA COCHA

Han pasado horas desde que llegué a la ciudad de Pasto y ya siento que puedo ubicarme fácilmente. Tan fácil, que tomé el bus que no debía (o tal vez la ruta cambió en ese momento) y tuve que caminar más de media hora para tomar un carro que me llevara a la laguna de La Cocha. Un embalse natural a treinta minutos de Pasto. En medio de ella descansa la isla la Corota, el Santuario de Flora y Fauna más pequeño de Colombia.

Para llegar a La Corota, se debe tomar una pequeña lancha que sale desde el puerto. El costo del pasaje se sale un poco de mi presupuesto así que sigo caminando y tomando fotos mientras el frío me cala hasta los huesos. 

Diez minutos después, una pareja de argentinos me dice que si reúnen siete personas, a cada uno nos sale mucho más barato el pasaje. A pesar de que el lugar estaba solo por ser temporada baja y día de semana, lo conseguimos. 

Nos subimos a la lancha camino a la isla La Corota.  Estoy enfrente de un paisaje frío, azul, verde…digno de una postal. El viento me pega fuerte en la cara, trato de cubrirme con la bufanda ya que he estado enferma los últimos días. Durante el recorrido hablamos y reímos entre todos. ¡Es fabuloso cómo viajando un desconocido deja de serlo en menos de un minuto! Así pasamos casi toda la mañana, entre charla y charla mientras me devuelvo a la ciudad de Pasto con algunos de ellos. 

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IPIALES, LAS LAJAS Y… ¡ADIÓS COLOMBIA!

Los perfiles de las montañas se destacan y se cierran a lo lejos donde la brecha es más angosta. Desde la carretera se observa una paleta de colores donde se destacan el verde, marrón y una especie de amarillo mostaza. Estos colores adornan las paredes de las montañas que nos acompañan durante el recorrido entre Pasto e Ipiales. Observo desde la ventana del bus algunas personas que caminan lentamente con los brazos enlazados entre sí para protegerlos del frío. Sus mejillas presentan un color rojo formando un círculo casi perfecto, mientras caminan algo encogidos. Aparentemente el clima no sólo moldea estilos de vida sino también lenguaje corporal. 

En la terminal de transportes de Ipiales me espera Daniel, un chico delgado y con un perfil clásico, que irradia de la felicidad. Me da la bienvenida regalándome una mazana la cual me va como anillo al dedo porque no he almorzado aún. 

Caminamos hasta su casa atravesando casi la mitad de la ciudad. Aún no cruzo la frontera con Ecuador pero al llegar a Ipiales, siento que ya estoy a tan sólo un paso. Es una ciudad fronteriza, se nota en su estilo de vida y en el comercio. 

Después de almorzar, Daniel me acompaña a cambiar dólares, lo cual es mucho más barato que hacerlo en una casa de cambio en cualquier ciudad. Acá hay hombres de pie en una esquina vociferando el cambio del dólar y sosteniendo en sus manos billetes de peso colombiano y dólares americanos doblados por la mitad. En su otra mano sostienen una calculadora, la misma que utilizan para mostrarme cuánto deben darme.

A pesar de que llueve copiosamente (y al parecer no va a parar), Daniel decide acompañarme al Santuario de Las Lajas. Esperamos en la carretera por lo menos una hora mientras escampa un poco, debajo de un paradero donde nos dejó el bus que tomamos en el centro de Ipiales. 

El Santuario de Nuestra Señora de Las Lajas es una iglesia de estilo gótico construida sobre el cañón del río Guáitara. Fue declarado la segunda maravilla de Colombia en el 2007. Ahora que lo veo por primera vez, puedo afirmar que es toda una maravilla arquitectónica. A pesar de las gotas de lluvia que alcanzaban a mojar un poco, disfruto estar acá. Es mi despedida a Colombia. 

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Santuario de Las Lajas

Durante siete meses recorrí este hermoso país y me encantó. Me divertí, lloré, reí, quise tirar la toalla, me desesperé… pero sobretodo, confirmé que en Colombia hay gente linda que está dispuesta a ayudarte desinteresadamente. ¿Encontraré lo mismo en el resto del continente?

Aunque aún me falta mucho por recorrer, sé que siempre volveré al país que me vio nacer y seguir con la tarea de conocerlo. 

Ahora empiezo  bajar por tierra para grabar un documental en Bolivia y seguir con más proyectos. 

ALGUNOS DATOS:

Para ir a la Laguna de la Cocha debes tomar un colectivo en la ciudad de Pasto. Tiene un valor de 8.000 COP

En la laguna puedes tomar una lancha que te lleve hasta la isla La Corota. El valor es de 30.000 COP pero si consigues un grupo grande puedes pagar hasta 5.000 COP. El único inconveniente es que el lanchero te dirá que tienes diez minutos para visitar la isla cuando ya estás allá. Si puedes negociar el tiempo antes de subirte a la lancha mucho mejor. 

El bus desde la ciudad de Pasto hasta Ipiales te cuesta 9.000 COP

Para ir al Santuario de Las Lajas puedes tomar un bus en el centro de la ciudad, en la terminal  de transportes o pagar un taxi. El pasaje de bus te cuesta 2.200 COP, el taxi entre 10.000 – 20.000 COP (si vas acompañado o esperas que se llene el cupo, te saldrá más económico.


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2 Comments

  1. Genial este blog. Muchas gracias por pintar tan bien nuestro país.

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