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Mis días turbios en Cuenca

Ahora estoy entre dos caminos: o me confieso y cuento la verdad sobre lo ocurrido en Cuenca o escribo un lindo artículo sobre lo hermosa que es la ciudad y los atardeceres perfectos que la decoran cada día antes de caer la noche. Y no me malinterpreten, Cuenca es una joya de arquitectura colonial y construcciones muy bien mantenidas. No en vano fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.  Pero quiero y siento que debo escribir y confesar desmedidamente. 

Son las doce de la noche y en vez de irme a dormir, decidí sentarme en la cama con la libreta de viajes en mano para trascribir en el blog lo que estaba plasmado en tinta. Lo hago para no olvidar este momento en los años venideros, porque sé que este artículo lo leeré en el futuro y será mi voz interior diciéndome “no fue fácil Lina. El camino que elegiste no estaba tan bien señalizado, no estabas acostumbrada a esto pero te levantaste y te rompiste el cuerpo para llegar a donde estás”.

Ahora lo publico en el blog porque sé que existe la idea colectiva que vivir viajando es fácil, que cualquiera lo hace, que es para todo el mundo , que solo es lanzarse y el camino proveerá. En parte es cierto, pero tampoco sería 100% honesto de mi parte contar sólo lo lindo de este estilo de vida, como si los problemas no existieran y como si quisiera (y pudiera) tapar el sol con una mano. 

días turbios en Cuenca Ecuador Patoneando Blog de viajes-9

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Llegué a Cuenca desde la ciudad de Ambato. Viajé toda la noche y a las seis de la mañana estaba tocando la puerta de mi anfitrión de Couchsurfing. Carlos era un chico delgado, alto, de tez morena, estudiante de ingeniería ambiental que vivía con sus dos hermanas y sus papás y recibían a viajeros de todo el mundo para conocer otras culturas. Los días eran agradables y amenos pero yo no me sentía bien. No lo quería reconocer y mucho menos expresar pero me estaba quedando sin dinero. Los ahorros con los que había salido desde Bogotá se enflaquecían y debía persistir y vender para poder seguir. Fue muy difícil para mí, lo confieso.

Un día decidí salir a caminar el Centro Histórico de la ciudad y mientras tomaba fotografías, caminaba y caminaba sin rumbo fijo. Pensaba. Observaba. Me sentía desesperada porque en ese momento debía vender postales para poder seguir. Pensaba en mis opciones y una de ésas era detenerme y buscar un trabajo para poder seguir viaje. Aunque me agradaba la idea, no podía hacerlo porque tenía una fecha exacta para llegar a Bolivia y empezar a grabar una película documental. Por eso estaba viajando rápido y gastando más dinero del que debía. Un dinero que no tenía ni siquiera. Una situación que me estaba agotando física y mentalmente. 

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Una mañana salí a caminar y me senté en una banca en medio del Parque Calderón y entre el desespero tuve ganas de renunciar, pero no al viaje, no. De renunciar a mi forma de viajar, siempre lanzándome rápidamente con lo que tenga en el bolsillo y sin tener un plan B o un “colchón” en caso de emergencia. Las dudas me carcomían y me pregunté si valía la pena. Recordé que había vivido la misma situación meses atrás en la ciudad de Manizales, Colombia. Allá pasé exactamente dos semanas en la casa de Marcela, una chica que conocí viajando y quien con una paciencia tipo Vaticano, aceptó ayudarme brindándome un techo para quedarme mientras yo llenaba de nuevo el chanchito. Todas las mañanas salía a las universidades y facultades a vender mis postales y contar mi historia de viaje. 

-Respira hondo. Practica nuevamente lo que vas a decir. Cuenta hasta tres. Ya está. 

Y en ese momento me encontraba en frente de chicos cuyos rostros de indiferencia iban transformándose en rostros de sorpresa y asombro, a medida que contaba mi historia de viaje. Muchos me invitaban a sentarme y hablar con ellos, las chicas me hacían preguntas de seguridad y al final todos me compraban. En Cuenca intenté hacer lo mismo, repetí el mismo proceso pero tal vez el cansancio emanaba energía negativa y daba con personas cuyas expresiones me mandaban a callar o algunos ni se dignaban a mirarme. Y me cansé. Más de lo que ya estaba. Porque sabía que era hora de hacer algo más, algo que me motivara y sobretodo, que me apasionara. Sepan que sí es posible viajar así. Vendiendo cosas en el camino. Pero también sepan que no todos servimos para lo mismo, que cada quien tiene una manera de financiarse los viajes distinta y que todas son válidas y respetables. Pero yo estaba agotada y quería algo diferente. 

días turbios en Cuenca Ecuador Patoneando Blog de viajes-9

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A los que viajan y venden cosas, los admiro y los respeto, porque yo lo hice pero al final me resultó muy difícil y agotador. Y para aquellos que lo hacen en pareja, les tengo envidia de la buena porque entre dos es más fácil tomar decisiones, y mientras uno duda el otro se lanza y el apoyo siempre es mutuo. Pero yo viajo sola y es con mi yointerno con quien debo siempre hablar y tomar todas las decisiones, enviarme el apoyo y la buena energía y darme ese “empujoncito” que tantas veces necesito.

El problema es cuando mi yointerno está más agotado que yo, entonces es ahí cuando debo sentarme en la banca de una plaza en la ciudad de Manizales o de Cuenca para reflexionar y pensar si quiero seguir, sobre lo que voy a hacer, para secarme las lágrimas, tocarme el pecho dándome palmaditas y decirme a mi misma que ésto va a funcionar, que debo ser fuerte y seguir insistiendo, porque algún día voy a agradecerle por haber insistido, por no haberse rendido y llegar hasta donde quería llegar.

Porque viajar es lindo señores, pero hacer lo que amas lo es aún más. Yo amo viajar y compartirlo con el mundo en letras talladas virtualmente (espero que algún día sea en papel), en fotografías y en videos. Pero no es la fórmula mágica ni mucho menos. Cada quien lo hace como quiere y como puede. Cada quien hace (o debería hacer) lo que le hace feliz. Yo no era feliz encarando a personas para contarles mi historia y venderles, lo hacía por necesidad más no por gusto, hasta que me di cuenta que no valía la pena seguir viajando así, ¿Para qué? Se suponía que estaba viajando para vivir la vida que quería vivir y por eso renuncié a un trabajo que no me hacía feliz, entonces para qué seguir en lo mismo ¿No? Ese día en la ciudad de Cuenca decidí que sería el último día en que me sentiría así y si me volvía a pasar, me iba a detener hasta descubrir lo que realmente me haría feliz.

días turbios en Cuenca Ecuador Patoneando Blog de viajes-9

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Estas letras las escribo cinco meses después de ese día que me senté en esa banca de madera, después de cuatro tazas de té y de parar de teclear para ir a revisar mil cosas pendientes que en realidad no eran pendientes. Hace cinco meses quise parar y renunciar al viaje pero no lo hice porque algo más fuerte que yo me dijo que siguiera. La historia se volvió a repetir unos meses después en el norte de Argentina y tal y como me lo había prometido, le puse un “Alto” al viaje. Ahora, puedo decir que trabajo de la manera en que me gusta, que las postales aún las tengo porque las doy de souvenirs a todo aquel que me ayuda y para recordarme a mi misma que todos deberíamos hacer más de lo que amamos hacer, encontrar la manera de hacer dinero con ello y que los sueños no vienen envasados para conseguirlos en un supermercado, no señores. Hay que lucharlos, sudarlos y trabajarlos. 

Así mismo también espero que este post se convierta en el sostén de todo aquel que me lea y piense que esto es siempre un cuento de hadas o en su defecto un estilo de vida imposible. Que sirva como elemento de motivación-inspiración-esperanza para aquel que sueñe con emprender un camino distinto y decida dar rienda suelta a sus sueños pero algún obstáculo no se lo permita. Y no hablo solamente de quedarse sin dinero, sino también de cualquier otro obstáculo que se presente en el camino. Porque no. No es fácil. Pero ¿Quién dijo que cumplir los sueños propios -y no los ajenos- lo es?


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4 Comments

  1. Paula dice:

    Es que viajar sin nada es duro y al final uno no puede pensar en otras cosas. También me pasó en el sudeste asiático! Pero todo mejora. Ánimo y pa’lanteeeee!!!

  2. Me ha pasado muchas veces… pero hasta ahora no sola…
    Este año que he viajado sola, aunque a veces dificil siempre he tenido suficiente. Pero el miedo siempre esta. Todavía me paniqueo!
    Y ahora que estoy en Turquia sin el idioma no se que voy a hacer, aqui en tres meses todavía no trabajé pero ya estoy organizando el parche de artesanías otra vez….
    pero te entiendo tanto… cuando llorabas y te dabas palmaditas… a veces es duro estar solo yo tambien lloro… ¿que estas haciendo ahora?

    • Lina Maestre dice:

      Hola Isa! Si, a veces es muy duro pero lo importante es siempre levantarse! Ahora estoy trabajando como escritora de contenidos de varias páginas de viajes. Eso me permite ganar dinero para seguir 🙂 Un abrazo grande y sigue disfrutando del hermoso país donde te encuentras.

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