Mercado de Otavalo | Patoneando - Blog de viajes
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Mercado de Otavalo

Es sábado en la mañana y en la ciudad de Otavalo se extiende una exuberante mezcla se sonidos, sabores y olores de miles de indígenas que muestran y venden su riqueza artesanal a cientos de turistas de todo el mundo.

Después de cruzar la frontera desde Colombia, he pasado dos noches en unas cabañas enfrente del volcán Imbabura y el lago San Pablo. Me encuentro en San Rafael del Lago, en la sierra ecuatoriana, en la provincia de Imbabura, donde el frío es tajante y justo en estos días la lluvia se ha empeñado en acompañarnos todas las tardes. Tuve suerte de llegar aquí, aunque la chica de Couchsurfing habla poco y no es precisamente lo que espero de este tipo de intercambio, la vista lo compensa todo.

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Vista del volcán Imbabura

Desde San Rafael del Lago tomo un bus en la carretera para visitar uno de los mercados indígenas más importantes de Sudamérica. Minutos después me bajo en el terminal de transportes y me dirijo hacia La Plaza de los Ponchos, el lugar que reúne a todos los indígenas otavaleños que deseen vender y ofrecer sus productos.

El lugar es una mezcla de algarabía, gritos, hombres vociferando sus productos, turistas que no entienden español y palabras entrelazadas en Quichua. Cerca de la Iglesia, una mujer pregona sus productos a base de coca mientras un hombre pasa a su lado vociferando que arregla, cose y pega zapatos. Sobre sus hombros se levanta una gran bolsa negra desde donde salen zapatos de todos los colores, tamaños y modelos. Pareciera que no pudiera agregar más peso a la carga cuando una mujer sosteniendo a su niño de brazos, le pide que le arregle sus zapatos. El hombre baja cuidadosamente la gran carga y con mucho cuidado la pose sobre el piso. Recibe el zapato, lo mira cuidadosamente y arregla el precio con la señora.

Atrás del “zapatero” y la dama, otra mujer pregona los mismos productos de coca.

-“Té de coca, la pomada de la hoja de coca, caramelo de coca, aceite de coca, para el dolor de rodilla y curar otros males”-

Descansa al pie de una pequeña mesa de madera adornada con varias pegatinas y stickers de la planta de la coca y una larga explicación de sus propiedades. Encima de la mesa descansan tarros de tapas amarillas y otras verdes, bolsas verdes con imágenes de pies, manos y rodillas ilustrando algunos males sufridos. Reposa también una especie de spray con un líquido de color marrón dentro y por supuesto, las famosas e infaltables pomadas.

Mientras camino, me pierdo en un mar de sonidos y olores  distintos.

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-Todo a un dólar,  a un dólar, a un dólar
-Juguito de coco, de cooooco
-Buenas señorita, venga y mire sin compromiso ¿Que está buscando?

A través de los parlantes una señora avisa que un niño de camisa gris está perdido. Que está llorando y que sostiene en su mano un granizado, que por favor vengan rápido a recogerlo, que los padres deben tener más cuidado con sus hijos. Favor venir rápido a buscarlo, pregunten dónde quedan ubicados los parlantes.

Al mismo tiempo una señora sentada sobre un asiento de madera escucha mientras pasa sus dedos sobre el cabello de la niña con una paciencia estilo Vaticano. La pequeña le pide una trenza y su madre parsimoniamente empieza a entrelazar mechas de  su cabello negro, largo y lacio como si de un ángel se tratara. Enfrente de ellas, un niño las mira rápidamente y vuelve a esquivar la mirada para concentrarse en su juego.

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El sol sale de su escondite y se hace notar. Me obliga a despojarme de mi bufanda y de mi buzo y me compro un granizado. Mientras disfruto de esta exquisita mezcla de hielo troceado con jarabe de diferentes sabores y leche condensada, pienso que debería viajar por toda Latinoamérica  como “catadora” de raspado, granizado y todos sus derivados.

Señoras me ofrecen almorzar en sus restaurantes. Les agradezco con una sonrisa mientras noto como introduce una enorme cuchara en una olla puesta en la estufa y luego la saca con todo y presa para echarla dentro de un tazón de plástico gris, el cual llena de una sola cucharada. A continuación se lo entrega a una señora quien le entrega varias monedas.

Con mi granizado en la mano me pierdo entre un laberinto de lana, camisas, gorros, bufandas y demás. Me llama la atención un objeto en particular y me detengo a observarlo. En ese momento la indígena que atiende el puesto se acerca y al notar mi sonrisa y cara de asombro me explica qué es el Diablo Huma. Una  máscara utilizada en el Inti Raymi, las fiestas del sol y la cosecha que celebran en el mes de junio los pueblos andinos que ofrecen a la Paccha Mama (la madre tierra) como símbolo de gratitud por haberles permitido una buena producción.

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La máscara del Diablo Huma

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¡Hermosas luciendo su traje tradicional!

La indígena que me explica lleva el traje típico de la mujer otavaleña. Una larga camisa de lienzo blanco, adornada con motivos florales multicolores a la altura del pecho con encajes en el escote y en las mangas. Luce una larga falda negra sostenida por una especie de faja de hermosos colores, la cual (me diría más tarde) la llaman chumbi en el idioma quichua. Su atuendo se complementa con collares de colores vivos que cuelgan sobre su pecho.

Después de contarme un poco sobre sus tradiciones se transporta al pasado y me habla de su niñez, de cuando su mamá le enseñó a coser y sus tías la ayudaron a mejorar su técnica. Mientras lo hace toma un gorro de lana gris que reposa sobre un bulto de bufandas y me muestra con su dedo índice el resultado de su técnica. Me parece curioso y hasta tierno la manera como muestra orgullosa su producto hecho a mano. En las urbes, lejos de éstas tierras andinas pocas personas se sentirían orgullosas por tal hazaña.

Mientras Huayta (así se llama, perdón por no haberla presentado antes) me relata otras historias de su niñez, a mi se me ocurre pensar que su belleza le hace honor a su nombre, que significa clavel en quichua.

Con todo este escenario frente a mí empiezo a comprender la importancia de este mercado. No sólo se trata de vender productos a los turistas, sino también intercambiar, entablar conversación, ver al vecino, enterarse de las últimas noticias y ¿Por qué no? de historias y relatos lugareños.


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Lina Maestre
Lina Maestre
Soy Lina y vivo viajando desde el 2014. Soy la que escribe, toma fotos y edita este blog. Nací en Colombia y he viajado en solitario y en pareja por más de 37 países. Acá encontrarás relatos de viajes, consejos y guías de destinos e inspiración para tus viajes. Tengo un libro publicado y puedes ver mi día a día a través de Instagram.  

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