El poder curativo de Huacachina | Patoneando Blog de viajes
Lo que me gustó de Lima
7 octubre, 2017
Mi amor a primera vista por Cusco
2 diciembre, 2017

El poder curativo de Huacachina

Avanzo lentamente pero enseguida noto una succión en mis pies, siento cómo se hunden en la arena extremadamente suave, hago fuerza con mis piernas para lograr dar el próximo paso. El viento azota fuerte como un látigo en la cara. Me veo obligada a cerrar mis ojos y caminar con la cabeza cabizbaja.  La montaña se ve cada vez más empinada y la cima más cerca. El astro rey nos impacta con fervor y sus rayos alumbran el infinito de los montículos de arena y sus siluetas. Con Kevin, mi compañero de viajes francés desde los últimos tres días, habíamos decidido viajar desde Lima a Ica para conocer Huacachina, un oasis ubicado en el desierto costero del Pacífico peruano.

desierto Huacachina - Ica, Perú - Patoneando Blog de viajes

Apenas llegamos dejamos nuestras mochilas en el hostal e iniciamos la subida para ver el atardecer desde arriba. Los atardeceres desde el desierto y el mar tienen el propósito expreso de impactarnos hasta bloquear nuestras palabras. Esos días de viaje habían sido difíciles. Me estaba quedando sin dinero y cada vez me angustiaba más por todo el trabajo detrás del documental y la campaña de Crowdfunding. Debía mantener la calma para hacer bien el trabajo y al mismo tiempo ocuparme de mi misma y de todo lo que conllevaba viajar sola y con poco presupuesto. Cuando Kevin me convidó a venir con él a Huacachina lo pensé dos veces. No tenía planeado visitarlo, me parecía un lugar muy turístico y algo costoso para el poco presupuesto que llevaba. Sin embargo pensé que sería una linda forma de desviar los pensamientos y siempre he creído que lo infinito de un desierto puede ayudar a curar y a encontrar respuestas incluso a las más agridulces de las melancolías.

desierto Huacachina - Ica, Perú - Patoneando Blog de viajes

Cuando llegamos a la cima de una de las tantas dunas, intentábamos tomarnos fotos pero era casi tarea imposible. El viento era muy fuerte y la arena no permitía abrir los ojos. Nos sentamos en la suave arena a esperar el atardecer mientras mi cabeza no dejaba de maquinar y de recordarme todo lo que debía hacer. Luego las líneas del silencio fueron invadidas por el diálogo y la pantalla negra de mi cabeza se tornó de otro color. A Kevin lo conocí viajando por Colombia y nos volvimos a encontrar en Lima. Sin planearlo decidimos ir juntos a Huacachina y al día siguiente seguiríamos camino a Cusco. Me hacía bien la compañía. Juntos vimos como el cielo fue tornándose de color, y el sol comenzó a agonizar y a dorar los espaldares de las dunas de arena. Una vez que el sol ya había desaparecido, el cielo siguió mutando. Con los pies enterrados en la arena empezamos a hablar de todo y de nada mientras el estadounidense que estaba sentado a unos metros de distancia, escuchaba Bob Marley a todo volumen y fumaba marihuana. Éramos los únicos que aún estábamos ahí. No daban ganas de irse. Mientras Kevin me hablaba arrastrando esas erres que solo los franceses saben hacer, yo disfrutaba de mi ensimismamiento. Es el poder que solo la infinidad del desierto te puede dar. 

desierto Huacachina - Ica, Perú - Patoneando Blog de viajes

Sin que se lo pidiéramos, una australiana se ofreció para tomarnos la foto.

desierto Huacachina - Ica, Perú - Patoneando Blog de viajes

Al día siguiente me desperté con el ruido infernal de un motor.  Lo único que rompe con el silencio del desierto son los buggies. Unos vehículos de cuatro ruedas con diez asientos, protegidos por un techo abierto que más bien parece una jaula y que, por poco más de diez dólares te lleva a dar un paseo por las dunas. Un ruido molesto en medio de tanta paz. El ruido aumentó y se prolongó durante las siguientes horas. Ambos decidimos que no nos subiríamos a un buggie sino que nos iríamos a caminar. Bordeamos el lago que está en medio del desierto y descansamos debajo una palmera. Mientras lo hacíamos, un local nos contó que hoy en día el lago del oasis no es cien por ciento natural. Hace unas décadas lo era, pero debido al uso constante de agua para abastecer la ciudad, su nivel fue disminuyendo, por lo que tienen que inyectarle agua. Caminamos alrededor del lago, todo está lleno de restaurantes, bares y tiendas de artesanía. Aunque el lugar es hermoso y vale la pena conocerlo, se me hizo difícil diferenciar cuál era la parte real y la inventada para el turismo.

desierto Huacachina - Ica, Perú - Patoneando Blog de viajes

Después de mediodía decidimos seguir viaje juntos hacia Cusco. El desierto de Huacachina es incompresible, infinito y como todo desierto, es exigente, no se contenta con medias tintas. Fue mi descanso, mi respuesta a las preguntas que aún no terminaba de formularme y fue el fin y el principio de algo nuevo.

ALGUNOS PRECIOS Y DATOS SI VAS A HUACACHINA:

Un dólar equivale aproximadamente a 3.24 soles peruanos (año 2017)

Hostales: entre 14 a 17 soles en habitación compartida

Comidas: desde 15 soles puedes encontrar menúes de almuerzo y cena en diferentes restaurantes.

Tour en buggy:  alrededor de 15 USD. Entre 40 y 50 soles pero siempre se puede regatear.

Bus desde Lima: unos 25 soles. Son 4 horas aproximadamente de viaje.


¿Te gustó este post? Suscríbete al blog para recibir los próximos artículos y novedades en tu email, además de un Ebook sobre cómo organizar un viaje, totalmente gratis. Sigue mi viaje por el mundo en InstagramFacebook y Twitter


Lina Maestre
Lina Maestre
Soy Lina y vivo viajando desde el 2014. Soy la que escribe, toma fotos y edita este blog. Nací en Colombia y he viajado en solitario y en pareja por más de 37 países. Acá encontrarás relatos de viajes, consejos y guías de destinos e inspiración para tus viajes. Tengo un libro publicado y puedes ver mi día a día a través de Instagram.  

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *