Corinto y la marihuana modificada | Patoneando Blog de viajes
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Corinto y la marihuana modificada

Todo pasa por algo, dicen. Todos estamos interconectados, digo yo. Después de mi llegada a la ciudad de Cali, de verme obligada a quedarme algunos días, dejando que el azar me guiara y mi anfitriona de CS, María, me llevara y me trajera cual veleta en pleno mar, pasó lo que menos imaginaba que iba a suceder.

El 3 de septiembre, me dirigía por primera vez a una zona roja, demarcada así para delimitar con fronteras invisibles, las zonas que han sufrido la mayor violencia de la guerra en Colombia.

El primer destino fue Corinto, localizado en el norte del departamento del Cauca, en las estribaciones de la Cordillera Central. Llegamos después de tres horas de viaje en una Toyota FJ40 modelo 80 que puso a prueba mis riñones y el sistema de suspensión del carro. Ni los mismos reductores de velocidad podían detener el auto que no disminuía su velocidad, ni el conductor se preocupaba por hacerlo.

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Henry y su esposa Margarita, que hacía las veces de copilota, me invitaron a viajar con ellos. A penas los conocía, pero no quería dejar pasar la oportunidad de conocer una zona alejada de todo lo que tuviera que ver con turismo, y donde mi lápiz y papel podían retratar lo sufrido por los protagonistas y principales afectados de la guerra: el pueblo.

Henry es uno de esos personajes peculiares que te encuentras pocas veces en la vida y cuando se cruzan en tu camino debes aprovechar y absorber todo el conocimiento y la sabiduría que te puedan transmitir. El, un hombre alto, tez blanca con una larga barba que podía tocar con ambas manos. A cada lado de su torso colgaban dos mochilas arhuacas y dentro de una de éstas llevaba un poporo, regalo de un indígena Arhuaco en la Sierra Nevada de Santa Marta.

Lo mostraba con orgullo, así como también de manera optimista hablaba de la sabiduría ancestral, de la medicina tradicional y del respeto y el amor que debemos tener los humanos por la naturaleza. Sabía de historia de tal manera que no tenía nada que envidiarle a algún historiador.

Había viajado lo suficiente para entender que lo material no era imprescindible y que de todas las personas hay algo para aprender. Él, quien dejó todo atrás y empezó a dedicarse a la medicina tradicional y a los rituales de nuestros ancestros, se dirigía a Corinto, precisamente para enseñarle a un grupo de campesinos y locales, nuevas técnicas para sacarle un provecho más sano a la marihuana.

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No es precisamente una planta de marihuana pero fue una de las primeras imágenes que encontré en el pueblo

Llegamos a medio día, el sol era sofocante, no perdonaba. Nos esperaban en el salón comunal del pueblo mujeres de tez morena, baja estatura, cabellos largos, negros y lisos y hombres de rasgos parecidos, pelos cortos y manos que vociferaban el trabajo en el campo. Hasta aquí yo no tenía la menor idea de cómo subsistían, pero me podía hacer una idea, a juzgar por el eje central de los talleres que dictaríamos el resto del día.

Saludo a un puñado de mujeres campesinas. Me responden el saludo amablemente y con el respeto propio de su gente, sin tutear, con una sonrisa tímida y bajando los ojos ante mi mirada. Una de ellas, Carmelina, con quien rompí el hielo diciéndole que era casi tocaya mía, tenía más de sesenta años, morena, de pelo negro y lacio, ojos ingenuos,  manos gruesas y envejecidas que contrastaban con sus uñas largas y pintadas con una policromía que me llamó la atención.

Le pregunto si vive lejos de acá

–“Mi casita está arriba en una vereda, a varias horas de acá. Agarro una chiva para venir aquí”-

Allá arriba en su “finquita”, Carmelina, al igual que muchos otros campesinos de la zona, tienen su cultivo de marihuana. Aunque no todos. Una indígena, Blanca, me cuenta que a ella y a su esposo no les gusta ese negocio. Ellos prefieren seguir sembrando mora y ahora están empezando a ganar dinero de la ganadería

-Ahhh ¡Tienen vaquitas!-

-Sólo una, apenas estamos empezando- Me dice con una sonrisa tímida, como excusándose por el mal entendido.

-Bueno, por algo se empieza ¿No?- Le respondo excusándome por preguntarle la cantidad de animales que posee.

Ella y su familia son una excepción. Los otros presentes, están allí para aprender las virtudes curativas de la marihuana,  a procesar la planta y hacer pomadas especiales para aliviar la tos, reumatismos y dolores musculares.

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A parte de la pomada, también elaboraríamos jabones, esencias y con otras plantas como limón y eucalipto, elaboraríamos shampoo. Lo que se busca con esto, es enseñarle a los campesinos de la zona, a buscar otras alternativas con sus cultivos.

Es muy difícil que dejen de vivir de esto, pero sí se puede lograr con el tiempo que lo utilicen para otros medios.

-Ahora con el proceso de paz y todo el cambio que se está viviendo, que se nota más aquí que allá en las ciudades de donde ustedes vienen, me dice uno de ellos, no podemos bajarle al negocio, pero puede que la cosa cambie y tengamos que buscar otras alternativas para la comida-.

Ese día entendí lo que no se entiende desde la comodidad de una ciudad. Ellos deben subsistir de una forma u otra. Si solo cultivan papa o plátano por ejemplo, tienen que pagar por el transporte para bajar de la montaña y venderlo todo. Normalmente en transporte se pueden gastar hasta 20.000 pesos colombianos (unos 9 usd) y si tienen una buena venta durante el día, ganarán la mitad de lo que gastaron. Si no venden todo, les toca botar el producto. Con la marihuana es diferente. Ya tienen el comprador fijo, ni siquiera tienen que desplazarse (en la mayoría de los casos), el comprador viene, da el dinero en efectivo, no pregunta nada y se va. Es difícil cambiar esa situación. Una arroba de marihuana (aproximadamente 12 kilos) podría costar hasta 170.000 pesos (unos 57 usd).

Henry les afirma que la marihuana es una planta sagrada, el problema ha sido la profanación y lo prostituida que ha sido, lo que el hombre creó y la guerra que fue inmiscuyéndose alrededor de eso.

El proceso inició, se dividieron en grupos, cada uno se dividió tareas. Cortar el ajo, la cebolla, machacar las hojas, hervir, medir, todo dirigido por la esposa de Henry, antropóloga que llevaba más de veinte años en esto de la medicina tradicional y el trabajo artesanal. En un momento de descanso, me fui a caminar por el pueblo junto con uno de los participantes del taller.

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MARIHUANA MODIFICADA GENÉTICAMENTE

Al regresar al salón comunal ya habían hecho la mitad de los productos y otra parte estaba a punto de ser terminada. Me muestran un frasco grande con marihuana adentro. De aquí se sacan esencias y pomadas. La huelo. Un aroma dulzón. No la conocía, al menos no en olor silvestre, diferente a ese que se siente en las ciudades y en las fiestas donde no se conoce la historia detrás de lo que consumen.

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Acá aprendí que existen diferentes clases de planta de marihuana. Aquí le llaman la de “Corinto”, con el compuesto psicoactivo que genera a quien lo consume, una sensación mayor de placidez. Me contaron que el THC es de mayor porcentaje al que crece en otras partes del país.Tuve que buscar el significado de THC –Tetrahidrocannabinol- según Google.

Yo no soy ingeniera química ni mucho menos, pero en palabras más sencillas, a la semilla de esta planta le cambian su componente genético en laboratorios de Estados Unidos y Europa y luego la envían a Colombia empacados en todo tipo de objetos donde puedan ser camuflados, para ser sembrados, ”desmoñados” y comercializados.

-Los de ciudad no saben ni lo que fuman, y muchos campesinos no saben ni lo que cultivan. No todo es natural como ellos creen, me dice Hugo, un hombre bastante robusto y que ha dedicado muchos años de su vida al negocio.

Los campesinos solo reciben la semilla, los insumos para cultivarla y no les interesa saber nada más. Estamos hablando de la “cripy”. Una variedad alterada en laboratorio para producir a mayor cantidad y a mayor velocidad, lo cual se traduce en dinero. Solo crecen en invernaderos con un bombillo de 15 voltios alumbrándole todo el día. He aquí la explicación de por qué durante la noche se ve un alumbrado en las montañas como si se adelantara la navidad.

Su cosecha es en menor tiempo y la arroba se vende hasta cuarenta veces más que el cannabis común, “el natural”, como se escucha en Bogotá.

Nunca he sido partidaria de ninguna sustancia psicoativa. Los que me conocen pueden dar Fe de ello y aquellos que me han dicho “qué aburrida eres”, también. Pero por alguna razón el camino me llevó al corazón de una de las principales zonas de producción en Colombia, para pensar que detrás de “un porro natural” (como un amigo me afirmó), existe la parte más débil del conflicto que siempre ha estado abandonada a su suerte, indígenas que no ven otra salida, laboratorios que se enriquecen a costa de nosotros y nos echan toda el agua sucia, nuestra población vulnerable olvidada y un orden jurídico que muchas veces es inoperante en estas coordenadas del planeta.

A muchos de ellos no les gusta sembrar marihuana pero “por necesidad baila hasta un perro”. Algunos están acá aprendiendo técnicas de producción precisamente porque no quieren seguir siendo parte del eslabón más débil del narcotráfico. Otros pidieron préstamos para dedicarse a otro tipo de cultivos pero se les fue negado. Algunos otros tienen la esperanza que este proyecto los ayude a erradicar una parte de los cultivos ilícitos y en un futuro puedan arrancar con otro tipo de negocio. Unos cuantos, están acá con desconfianza, quieren pero saben que no pueden hasta tener segura “la platica y la comida”. Un camino difícil pero ineludible.

Esa noche tardé en dormirme, pensando en todo lo desconocido, a tan solo unas horas de mi casa.

Me estaba preparando mentalmente para lo que se avecinaba al día siguiente…

Si quieres conocer la otra cara de la historia, no dejes de leer Las voces del conflicto armado

Lina Maestre
Lina Maestre
Soy Lina y vivo viajando desde el 2014. Soy la que escribe, toma fotos y edita este blog. Nací en Colombia y he viajado en solitario y en pareja por más de 37 países. Acá encontrarás relatos de viajes, consejos y guías de destinos e inspiración para tus viajes. Tengo un libro publicado y puedes ver mi día a día a través de Instagram.  

1 Comment

  1. Nereyda dice:

    Aprendí algo nuevo sobre la marihuana. Gracias Lina.

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