El columpio del Fin del Mundo en Baños | Patoneando Blog de viajes
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El columpio del Fin del Mundo en Baños

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Las primeras fotos que vi de Baños de Agua Santa eran fotos de verano, con cielo despejado y el volcán Tungurahua adornando un paisaje que parecía sacado de un cuento. A ese paisaje se le adiciona una persona columpiándose con vista a ese volcán y dando la impresión que abajo hay un abismo fantasmal (lo cual le da un toque de magia y miedo al mismo tiempo). Ver esas fotos era algo hipnótico, quería llegar y calmar – por unos minutos- esa sed incontenible del síndrome de “Peter Pan”.

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Yo sabía que en cualquier momento -más precisamente desde que salí de Colombia- llegaría a Baños de Agua Santa con la sola intención de columpiarme en el famoso “columpio del Fin del Mundo” ubicado sobre la “Casa del Árbol” y hasta me siento extraña escribiendo “con la sola intención” ya que no me gusta mucho viajar para conocer un lugar famoso, tomar la foto, decir que estuve allí y largarme. Pero para ser completamente honesta no quería ir para hacer deportes extremos, ni quedarme varios días, ni hacer voluntariado, ni nada de nada. Sólo quería subirme en el bendito columpio. Afortunadamente el mismo viaje estaba a punto de cambiarme el propósito de mi visita y yo me iría con algo más que mi famosa foto volando por las nubes.

BAÑOS DE AGUA SANTA,  EL COLUMPIO DEL FIN DEL MUNDO Y LA CASA DEL ÁRBOL

Desde Latacunga salí con Alex, mi host de Couchsurfing quien se ofreció a llevarme porque era festivo en Ecuador y quería viajar a algún lado. Alex había dado la vuelta al mundo durante casi dos años y ahora que había regresado a su ciudad natal, recibía a viajeros de todos lados para “no perder la costumbre” y si por casualidad se le presentaba la oportunidad de viajar con alguno y de mostrarle los alrededores de su ciudad, lo hacía sin dudarlo ni un segundo. Al que le gusta el viaje,  aprovecha cualquier excusa para salir, de eso no me cabe duda.

Era el mes de abril, para mí el más caprichoso de todos. Un día está soleado y cantas grito de victoria y a los pocos minutos el día se opaca, empieza a caer una lluvia intermitente y la temperatura desciende. Eso fue exactamente lo que sucedió llegando a Baños de Agua Santa. Era de noche y la lluvia arreció justo en el momento en que pusimos un pie en el pueblo. Tenía frío, aún no me recuperaba del todo de una bronquitis y la búsqueda de hostal bajo la lluvia y con frío, me estaban empeorando. Después de varios intentos, de no entender por qué le decían hostal a un establecimiento con habitaciones privadas y camas matrimoniales, de renegar, de toser, de regatear, de entrar a una farmacia y comprar un jarabe con miel y eucalipto, logramos encontrar uno a 7 usd la noche en habitación compartida. Aparentemente el precio era muy bueno para este lugar turístico. Yo sólo deseaba descansar y pedirle a todos los dioses del Olimpo que no lloviera al día siguiente para tener un cielo despejado y tener una mejor vista del paisaje.

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La casa en el árbol

Al parecer ningún dios del Olimpo me escuchó porque al día siguiente amaneció lloviendo y entre más subíamos la montaña, más nublado se ponía el cielo. Llegamos muy temprano a petición mía, sabía que mucha gente visitaba el lugar y me estresan las multitudes. Pagamos la entrada y mientras caminamos hacia la Casa en el Árbol veo a mi alrededor algunos juegos mecánicos, una tirolina y otras atracciones, como un mini parque temático. Desde lo lejos veo el árbol con dos columpios de lado y lado y unas cinco personas esperando turno, tomando fotos y grabando videos. Caía una fina lluvia y la niebla cubría el paisaje completamente. No se veía nada más allá del columpio. El silencio absoluto se rompe con el estruendoso grito de un señora cada vez que su cuerpo alcanza la altura máxima del columpio.  Los que estábamos abajo reíamos mientras el hombre que la balanceaba, cada vez la empujaba más fuerte, como queriendo decirle “deja de gritar que esto no es nada”.

A pesar de no poder observar el volcán, la niebla y el mal clima no fue impedimento para hacer la pequeña fila y pedirle el favor a un señor que me “diera un empujoncito” mientras Alex se preparaba para tomarme las fotos tal como yo se lo había indicado.

-Uno, dos…… ¡Tres!

El hombre me empuja con todas sus fuerzas hacia adelante y a medida que rápidamente avanzo dejo de ver el piso y me balanceo sobre una peña donde lo único que veo es blanco a mi alrededor. La gravedad me devuelve nuevamente al punto de inicio donde el hombre vuelve a empujarme con ambas manos. Estiro mis piernas e inclino mi cuerpo  y mi cabeza hacia atrás. Siento el viento fuerte en mi rostro. A pesar de no tener mucha altura, es fácil sentir un vacío en el estómago y a esto se le sumaba la niebla que se esparcía dando un efecto de estoy-volando-entre-las-nubes. No sé exactamente cuánto tiempo estuve allá arriba, pero sabía que detrás de mi ya se estaba formando una fila larga para esperar turno. Pido que me ayuden a detener el imparable columpio y me bajo. Ya estaba más que satisfecha.

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¿QUIÉN SE INVENTÓ EL COLUMPIO DEL FIN DEL MUNDO Y LA CASA EN EL ÁRBOL?

Cuando íbamos saliendo del recinto, me doy cuenta que no sé nada de la historia del columpio en la casa en el árbol y es como si un bicho raro me picara (o uno de los dioses del olimpo) y me obligara a preguntarle al hombre de la taquilla justo en el momento de salir. Al preguntarle, sus ojos brillaron de la emoción y dirigió toda su atención hacia mí para contarme la historia. A medida que lo hacía interrumpía la historia en fracciones para continuar con su trabajo y cobrar el boleto de entrada.

-El que se inventó esto fue mi papá ya hace algunos años… -Buenas tardes es un dólar por persona – En el 2006 el volcán empezó a expulsar gases y muchas personas del pueblo vinieron porque sabían que desde acá tenían la mejor vista …-gracias a ustedes por visitarnos, que tengan un buen día- .. algo así como una vista VIP. Sin embargo tenían que esperar durante horas para ver el fenómeno y se aburrían. Mi papá les puso un columpio en la rama más robusta del árbol para que se pudieran distraer mientras tanto …-Hola, es un dólar por persona, ¿Cuántos son? – .. Mejor pasen ustedes allá a la garita blanca que está enfrente del árbol y hablen personalmente con él.

Así fue como conocimos a Carlos Sánchez el creador del columpio en la casa del árbol de Baños. Un hombre de más de 60 años, de piel arrugada, bigote naciente y manos que revelan su trabajo como vulcanólogo empírico. Se encuentra sentado detrás de un escritorio y nos invita a pasar. En su mano derecha sostiene un handy o walkie-talkie y con la izquierda toma un control remoto y enciende un televisor viejo y cuadrado con una pantalla curva y pequeña. En éste nos revela imágenes de videos de aficionados y nos explica los diferentes procesos de una erupción y los daños que ésta provoca a la naturaleza. En la oficina guarda cuidadosamente frascos de vidrio con arenilla y cenizas, etiquetados con fechas y horas exactas. En las paredes cuelgan fotos del volcán y mapas topográficos y geográficos de la región. Su pasión se le nota por los poros (al igual que a su hijo) y aunque no estudió vulcanología su labor es reconocida y respetada por los vulcanólogos y habitantes de la región.

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Carlos Sánchez,el creador del columpio en la casa del árbol.

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Antes de irme le pregunto cómo se hizo tan famoso este lugar. Me cuenta que en el 2014 un chico escuchó los rumores y se tomó una foto justo cuando estaba expulsando gases el volcán. Luego participó en un concurso de National Geographic  y la foto fue la ganadora. Desde ese momento el lugar empezó a recibir visitantes de todo el mundo y el Ministerio de Turismo del Ecuador le exigió mayor seguridad para los turistas, así que el instaló dos columpios y construyó una casa de dos pisos, todo con una estructura segura. Abrió un restaurante, hoy en día está construyendo más atracciones y para solventar los gastos cobra una entrada de un dólar por persona.

Me voy no sólo con el deseo cumplido de columpiarme por los cielos sino también con una parte de la historia bien aprendida. Otro ejemplo de personas que viven la vida haciendo lo que les apasiona.

ALGUNA INFO ÚTIL PARA LLEGAR A LA CASA DEL ÁRBOL

-Si vas caminando debes empezar cerca del cementerio principal de Baños. Allí inicia el sendero que te llevará a la casa del árbol. Son aproximadamente tres horas de caminata y cuesta arriba.

-Si vas en taxi desde Baños el trayecto será de unos 25 o 30 minutos y cuesta 15 usd.

-Si vas en transporte público sale de lunes a sábado a las 6am, 11am y 2pm desde la esquina calle Rocafuerte y calle Pastanza. Pregúntale a los locales cómo llegar, será fácil. El trayecto dura aproximadamente 35-40 minutos y cuesta 1 dólar.

-Si deseas hacer dedo en la avenida Amazonas puedes pedir aventón.

La entrada a la casa del árbol cuesta un dólar por persona.

Mi mayor recomendación es que después de tomarte la foto en el columpio, te acerques a la garita al lado del restaurante y busques a Carlos Sánchez para que te cuente historias y leyendas acerca del volcán.

 Y tú, ¿Ya visitaste el columpio del fin del mundo y la casa del árbol en Baños? ¿Cómo fue tu experiencia? ¿Conocías parte de la historia?

Lina Maestre
Lina Maestre
Soy Lina y vivo viajando desde el 2014. Soy la que escribe, toma fotos y edita este blog. Nací en Colombia y he viajado en solitario y en pareja por más de 37 países. Acá encontrarás relatos de viajes, consejos y guías de destinos e inspiración para tus viajes. Tengo un libro publicado y puedes ver mi día a día a través de Instagram.  

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